sábado, 22 de marzo de 2014

“París y la literatura argentina” por Juan Carlos Alarcon (Pettro)




Con los años que llevo aquí, aprendí a desconfiar de los franceses. Cuando te hacen  una pregunta inocentemente es porque ya conocen bien el tema y hasta saben la respuesta que uno les puede dar. “¿No lo viste a Rodrigo Fresan o a Martín Caparros?” que son autores traducidos y bastante leídos en Francia. Entonces, yo respondí encogiéndome de hombro y con un gesto de sabia inocencia de ignorancia.
Ellos saben que no figuran en la lista de la delegación argentina porque la tienen en el bolsillo.

También saben que los argentinos somo sureños, y sureño, para ellos, quiere decir “afectivos”, fácil de conquistar; entonces me largó a quema rompa: “Si no estás muy ocupado te invito con un café italiano”  Siempre pensé que, cada uno tiene su precio. A los 10 minutos ya estábamos saboreando un café italiano.

Los italianos no son productores de café, pero es al sur de la península donde van aterrizar los productos brasileños, colombianos o africanos. Entonces, aprendieron a mezclar el arabica al robusta y hasta rastros de avena suelen meterle; pero tienen una forma de hacerlo que uno se chupa los dedos. Ellos hacen al revés que nosotros, que hacemos pasar el agua desde arriba sobre el café; ellos hacen hervir el agua para que se evapore y sea el vapor que suba a través del café. La maquinita de café Moka es eso.

Mi amigo escritor y periodista pidió un expresso y yo un ristretto. Pero él quiere seducirme y me explica que mi café es muy fuerte y que debo cuidar mi salud. Yo  replico, pero con menos cafeína, ya que es el agua que arrastra la cafeína. El expresso son 7 gs de café y 40 ml de agua, el ristretto 7 gs de café con 20 ml de agua. Apenas 2 sorbos. El francés no quiere contradecirme y cambia de tema: “Cortazar te decía hola facho porque vos eras peronista?” Sólo sonreí y recordé el bar de la Plazoleta de La Sorbona donde sabíamos tomar cafés. Sí, recuerdo que yo le contestaba “hola gorila” porque era muy anti. Pero si bien no eramos amigos eramos dos argentinos en París cambiando figuritas, como decíamos entonces con las noticias que cada uno podía tener del país gobernado por la dictadura.

El francés no estaba dispuesto a aflojar y lanzó otro comentario: “No entiendo, que siendo el Julio tan anti peronista ustedes le rindan hoy en día tan gran homenaje”. Ese tema me lo veía venir, es la curiosidad francesa por excelencia.

- Juass, Borges tampoco era peronista, pero no se les puede negar que fueron grandes escritores argentinos y marcaron todo una época con su literatura.

Fue allí que me explicó que Bertrand Morisset, el director del Salón se largó con los botines de punta contra Ricardo Piglia diciendo que, después de haber aceptado la invitación, exigió condiciones exageradas como la de una estrella del rock. En realidad él quería venir por su cuenta y no con la delegación argentina, y había negociado con su editorial para que le costearan los pasajes y la estadía, eso es lo que él dijo, le aclaré.

Las 3 instituciones, El Centro Nacional del Libro (CNL), el Instituto Francés y el Ministerio de la Cultura de Argentina habían consensuado 30 autores, pero el gobierno argentino agregó a su cargo 18 escritores más fuera de esta lista. Todo “Carta abierta” parece que vino hacer turismo cultural. A mí me encanta sonreír poniendo cara de inocente.


Yo estaba por pedir otro ristretto o stretto como le dicen los venecianos; pero el francés parece que se dio cuenta que ya 5 cafés le estaba saliendo demasiado caro una información que no le aportaría nada y se fue medio encabronado sin tocar el nuevo café que le habían aportado. Yo miré para todos lados y me tomé también el suyo. Pero cuando vi a Dorita Puig, una poeta argentina que reside en Alemania, que había ido a presentar por su cuenta, su último libro de poesía, me fui a saludarla. A lo mejor logro que un día me inviten los alemanes aunque su café es muy aguado para mi gusto. 

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